



Este es un proyecto compartido, una coautora aporta su arte y su sensibilidad en cada imagen, sumando belleza a cada trazo y a cada carta.
Se presenta como una propuesta lúdica: un juego de cartas que no busca respuestas cerradas, sino abrir puertas. El oráculo se ofrece ante una pregunta, una inquietud, un susurro interno… y propone, más que certezas, una invitación a la libre interpretación del mensaje recibido.
Las cartas, en su forma circular, nos devuelven a la idea de unidad, de lo que no tiene principio ni fin. Cada una de ellas es un puente invisible entre lo divino y lo mundano, entre lo que comprendemos y aquello que apenas intuimos.
Al desplegarlas, algo se activa. Nos invitan a entrar en ese territorio intangible que late en nuestro interior, ese espacio sutil que muchas veces quedó relegado en la infancia: la intuición. Esa voz suave, persistente, que busca hacerse escuchar.
El oráculo no responde: recuerda.
Recuerda que dentro nuestro habita una sabiduría antigua, disponible, esperando ser reconocida.
Así, en el gesto simple y casi ritual de elegir una carta, se abre un tiempo distinto. Un momento lúdico y sagrado a la vez, donde hacemos una pausa… y permitimos que la magia, esa que nunca se fue, vuelva a respirar en nosotros.